Durante las últimas décadas, el colectivo del que formo parte (Educación) ha sido objeto de una dura campaña de acoso y derribo por parte de la clase gobernante. Afanados en maquillar su incompetencia legislativa, dedicados casi exclusivamente en proponer “parches” populistas al sistema educativo, se nos culpa veladamente del fracaso escolar, y continuamente edulcoran encuestas, presionan al profesorado para que nos bajemos los pantalones y cantemos el “mea culpa”, forzándonos a bajar los niveles de exigencia en cuanto a los objetivos educativos.
Todo ello ha permeado en una sociedad a la que se le presenta un suculento caldo de cultivo con burbujitas que entonan “los profesores no quieren hacer nada… no se modernizan ni reciclan… no optimizan los recursos existentes… no estimulan ni motivan a los chavales… sólo quieren vacaciones… con lo que cobran…”. Mienten sin reparos como medida disuasoria de su pésima forma de hacer y ofrecen al populacho un chivo expiatorio listo para el sacrificio. Algo quedará.
La encuesta llevada a cabo por la fundación BBVA ( http://www.google.com/hostednews/epa/article/ALeqM5iU6vhEGFQI8kJX7U6dEIddtVVcdw ) deja claro que los ciudadanos en general son conscientes de la ardua labor que llevamos a cabo tanto maestros como otros colectivos adscritos a la función pública. Muy por el contrario, pese a quien pese, suspenden a los políticos de manera abrumadora: Políticos 3.1 vs. Profesores 7.6. Otro dato interesante de este sondeo es que los funcionarios obtienen un 5.
Llego, pues, a la afirmación de que no se puede hablar a la ligera sin matizar. Como funcionario público que soy, al igual que médicos y demás cuerpos del estado, existe una gran diferencia entre nosotros: no se nos puede meter a todos en el mismo saco. Resulta al menos curioso que el mayor número de quejas existentes a cerca del funcionarizado está relacionado con los cuerpos donde hay políticos por medio: ayuntamientos, diputaciones, consejerías y demás administraciones públicas. Es en estos estamentos donde el nivel de enchufismo y compadreo gana por mayoría absoluta. Por algo será.
Pero no lancemos las campanas al vuelo. Harán caso omiso de los datos objetivos y seguirán en su empeño, de ello depende la continuidad de sus cargos, de airear a la sociedad lo “máquinas” que son ellos y lo “mantas” que somos los funcionarios.

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