El día siguiente al 8 de marzo, efemérides del día internacional de la mujer, debería ser la continuación efectiva de la lucha por la igualdad de género. Supongo que los hindúes, quienes agasajan con regalos a sus mujeres por su importancia para la sociedad (curioso, cuando menos), despertarán hoy con plena intención de mantener los roles machistas establecidos. Del mismo modo, en nuestro país, tras la letanía de parabienes en pos de una sociedad más igualitaria, tantos de estos y éstas que, ayer, con voz encendida proclamaban su adhesión a la causa, abandonarán sus lazos lilas o morados (¡qué más da!) en lo más profundo del cubo de la basura.
En este país queda, aún, mucho por hacer. Las instituciones públicas, deberían poner más empeño en la reforma de la legislación vigente, sobre todo en materia laboral. ¿Quién les impide que a base de “decretazos” (su herramienta favorita) remedien tanta injusticia del mercado? Los mismos de siempre. También tienen mucho que decir en algo todavía más complejo, la transformación y evolución de la mentalidad social española.
En ese micro-mundo del aula donde se forjan las generaciones futuras de ciudadanos, observo a diario todas las deficiencias que los jóvenes van heredando en sus hogares. No solamente los chicos, sino también las chicas adoptan patrones inválidos para la consecución de la plena igualdad. Por mucho siglo veintiuno en que vivamos, numerosas familias aún educan a sus hijas para ser elementos casaderos bajo la sumisión masculina, ignorando el papel de la formación como elemento regulador de las desigualdades existentes. Es, por tanto, en el seno familiar donde el sistema hace más agua y donde habría que redoblar los esfuerzos. ¿Y quién le pone el cascabel al gato?
Sin embargo, se puede decir que el enemigo está más cerca de lo que creemos. Incluso en entornos y medios de comunicación progresivos podemos contemplar cómo se continúan y permiten descalificaciones a mujeres por el mero hecho de serlo, riendo las gracias de tópicos tales como “si en guapa tiene que ser tonta”. O lo que es peor, muchos de nuestros amigos “progues” siguen manteniendo un reparto desigual de tareas en el seno de sus familias, resguardándose no se en qué excusas culturales de la infancia para dar continuismo a un velado machismo.
Sirva lo anterior como mero ejemplo del largo y tortuoso camino que nos queda aún por recorrer hasta llegar a una verdadera sociedad donde las mujeres gocen de los mismos derechos que los hombres. Mientras no seamos capaces de ser coherentes con nuestras propias ideas y desterremos toda reminiscencia machista de nuestra mente, poco podremos avanzar. La igualdad empieza por uno mismo, y por el respeto, no sólo el 8 de marzo sino todos los días del año.
Todo mi apoyo y colaboración a los millones de mujeres que luchan en desventaja por una igualdad verdadera, hoy 9 de marzo.

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