miércoles, 9 de marzo de 2011

Tracas de humo

Poco faltó para atragantarme con una cucharada de garbanzos cuando oí la noticia en el informativo del medio día. Pasa que uno ya está curado de espantos y pocas cosas quedan que puedan cogerle a “distraicción”. Dicho y hecho: el Gobierno valenciano ha rebajado las edades para poder utilizar material pirotécnico a los 8 años apelando al carácter religioso (¡Con la iglesia hemos topado!), cultural y tradicional de las manifestaciones festivas de la Comunidad Valenciana, saltándose a la torera la normativa europea sobre artículos pirotécnicos y su uso y/o adaptación.

A ver si me aclaro. Es perjudicial para la salud fumar a menos de cien metros de un colegio o un parque infantil, pero no lo es que un niño se pueda volar la mano (tendrá el cielo ganado, claro). Nadie quita que, aunque esos elementos pirotécnicos de categoría 1 sean, en teoría, “de muy baja PELIGROSOSIDAD”, traigan defecto de fábrica y deje “manquito” al nene o la nena. No lo entiendo. También la cerveza tiene poca graduación alcohólica, es poco peligrosa, y a nadie se le ocurre tomarse unas birras con su crio. Y es tela de tradicional.

Frivolidades aparte. No nos llevemos a engaño, como casi siempre, la pela está detrás. ¿Cuánto aumentarán sus ventas los productores de petardos valencianos vendiendo sin la menor conciencia a menores? ¿Cuántos amiguetes de “Camps and Cia” engrosarán sus cuentas poco corrientes? ¿Cuántos trajes vale esa “edulcoración” de la norma? Justifican lo injustificable y vuelven lo negro blanco según convenga, en el nombre de Dios, las tradiciones o lo que haga falta. Parece que este cuento no va a acabar nunca en esta España que cada vez huele más rancia.

Crudo panorama se nos avecina ahora que las encuestas vaticinan el relevo del trono andaluz a manos del PP. ¿Qué confianza o esperanza nos pueden transmitir quienes mercadean con la salud pública sin el menor pudor? No quiero ni pensar cuáles son las medidas/reformas laborales, sociales y judiciales que tienen escondidas en sus opulentos castillos de fuegos artificiales.

Pero, en fin, tenemos lo que nos merecemos. Nos quedan los carnavales, la semana santa, las ferias (el fútbol) y el sol (“pa los lunes”). La gente que vale que se dedique a su cervecita del “finde”, a su cafelito con su periódico en su terracita habitual, a su panfleteo crítico y a cagarse en la mare que parió a los políticos… la cosa no va con ellos… ¿responsabilidad ciudadana…? Un “mojón”. Ya tenemos un motón de chorras, inútiles y chorizos encargándose de las cosas importantes y gobernando. ¡Que se jodan!

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