Poco faltó para atragantarme con una cucharada de garbanzos cuando oí la noticia en el informativo del medio día. Pasa que uno ya está curado de espantos y pocas cosas quedan que puedan cogerle a “distraicción”. Dicho y hecho: el Gobierno valenciano ha rebajado las edades para poder utilizar material pirotécnico a los 8 años apelando al carácter religioso (¡Con la iglesia hemos topado!), cultural y tradicional de las manifestaciones festivas de la Comunidad Valenciana, saltándose a la torera la normativa europea sobre artículos pirotécnicos y su uso y/o adaptación.
A ver si me aclaro. Es perjudicial para la salud fumar a menos de cien metros de un colegio o un parque infantil, pero no lo es que un niño se pueda volar la mano (tendrá el cielo ganado, claro). Nadie quita que, aunque esos elementos pirotécnicos de categoría 1 sean, en teoría, “de muy baja PELIGROSOSIDAD”, traigan defecto de fábrica y deje “manquito” al nene o la nena. No lo entiendo. También la cerveza tiene poca graduación alcohólica, es poco peligrosa, y a nadie se le ocurre tomarse unas birras con su crio. Y es tela de tradicional.
Frivolidades aparte. No nos llevemos a engaño, como casi siempre, la pela está detrás. ¿Cuánto aumentarán sus ventas los productores de petardos valencianos vendiendo sin la menor conciencia a menores? ¿Cuántos amiguetes de “Camps and Cia” engrosarán sus cuentas poco corrientes? ¿Cuántos trajes vale esa “edulcoración” de la norma? Justifican lo injustificable y vuelven lo negro blanco según convenga, en el nombre de Dios, las tradiciones o lo que haga falta. Parece que este cuento no va a acabar nunca en esta España que cada vez huele más rancia.
Crudo panorama se nos avecina ahora que las encuestas vaticinan el relevo del trono andaluz a manos del PP. ¿Qué confianza o esperanza nos pueden transmitir quienes mercadean con la salud pública sin el menor pudor? No quiero ni pensar cuáles son las medidas/reformas laborales, sociales y judiciales que tienen escondidas en sus opulentos castillos de fuegos artificiales.
Pero, en fin, tenemos lo que nos merecemos. Nos quedan los carnavales, la semana santa, las ferias (el fútbol) y el sol (“pa los lunes”). La gente que vale que se dedique a su cervecita del “finde”, a su cafelito con su periódico en su terracita habitual, a su panfleteo crítico y a cagarse en la mare que parió a los políticos… la cosa no va con ellos… ¿responsabilidad ciudadana…? Un “mojón”. Ya tenemos un motón de chorras, inútiles y chorizos encargándose de las cosas importantes y gobernando. ¡Que se jodan!

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