Me preocupa e indigna cuando los despropósitos, ataviados de normalidad, se alojan impertérritos en nuestras vidas. No importa su desmedida magnitud, pues ya hay quienes se encargan de soliviantarlos solemnemente.
Berlusconi “vende” a precio de saldo el Coliseo, no importa, hasta un puñado de piedras enmohecidas rinden un alto rédito… es el mercado, todo se privatiza y el estado se lava las manos. Los eurodiputados plañen por mantener sus privilegios a costa de los que nos apretamos el cinturón… sus honorables huesos agradecerán la comodidad de primera clase, las dietas y demás… trabajan por y para nuestro bien.
Costa de Marfil tiñe sus calles con la masacre de miles de civiles… sólo tienen cacao… la comunidad internacional no puede apagar todos los fuegos, hay que “salvar el petróleo” de Libia primero, y a los sufridos súbditos del malvado Gadafi. Alguien tiene que sufragar los jets privados de los lobbies de poder que planean por Wall Street entre hoyo y hoyo, por donde ya andarán planificando innovadoras estrategias para la próxima crisis que les hará aun más opulentos.
Los estados deben ser cada vez menos intervencionistas… laissez- faire, dicta el mercado inevitablemente, para impulsar políticas que favorezcan el crecimiento económico y la reactivación financiera… austeridad en el gasto público, para que puedan intervenir, ahora sí, en el rescate de aquellos que propiciaron el hundimiento del sistema en pro de pingües beneficios… moderación salarial, desregularización total.
Los políticos no dejan de dar espectáculo… ¡Quién dijo fútbol!... invierten el dinero público para lucrarse y promocionarse, se saltan a la torera todas la leyes, especulan y manipulan… el PP, luciendo flamante aurea santurrona, se frota las patitas que no enseñan por debajo de la puerta, y ahondan en las vergüenzas del PSOE, disimulando las suyas con osadía. Aplican medidas de austeridad, reformas laborales, pero ni hablar de cambios en el sistema político que pongan cota a la corrupción de los partidos… ERES, trajes, y chalets….
Barbarie de despropósitos pasan ante nuestros ojos. Han conseguido aborregarnos con la inevitabilidad de los hechos, el curso natural de la raza humana, emponzoñados con su verdad de facto, pero aun así, me sigo indignando.

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