Corren tiempos difíciles, casi catastróficos, apocalípticos socialmente. Pero, a pesar de que los ciudadanos de a pie, la gente corriente, parecen despertar de su letargo y el clamor de la indignación social se expande cada vez con mayor insistencia, los actos de los “titiriteros” que gestionan los recursos comunes no inducen a albergar mucha esperanza en una solución adecuada para semejante injusticia.
Da mucho que pensar. Esa insistente subyugación a los caprichosos (y onerosos) dictámenes de “Los Mercados”, máximos responsables de todo este despropósito, ahora obliga a ese “Kraken” burocrático que son las administraciones públicas, a que impongan medidas de austeridad y recortes del gasto social. Ese monstruo sobredimensionado y tumoroso, que ha dilapidado indigentes cantidades de dinero de todos en beneficio propio, se resiste a la auto-amputación y prefiere, muy por el contrario, el fratricidio de aquellos que le prestaron su confianza y a los que legítimamente representa.
Además de los recortes efectuados por muchas comunidades autonómicas en educación (infravalorado mecanismo de igualdad social), las mermas en la sanidad pública despuntan amenazantes. No obstante, dichos “titiriteros” se hacen los suecos con toda naturalidad, lamen las heridas de la mano que les da de comer y, con su opaco discurso evitan acometer los cambios necesarios en unas reglas del juego que permiten y avalan, paralelamente, tanto desahucios a desprotegidos como indemnizaciones y primas millonarias para banqueros.
Ejemplos alarmantes no faltan. En Cataluña, paradójicamente, mientras enfermos graves carecen de quirófanos para ser operados y se cierran o venden hospitales, los señores diputados del “Parlament” cobran en dietas de desplazamiento, como mínimo, 20.000 euros anuales no contributivos, diez de ellos incluso disponen de chofer oficial. Luego, nos venden la pantomima de su renuncia a cobrar la extra de navidad. No quiero ni imaginarme el gasto en teléfonos, complementos, representación y pseudo-propaganda partidista institucional.
Sería interminable la lista de costumbres abusivas y medidas irrisorias (más por no llorar) que cotidianamente saltan a la palestra en estos tiempos de convulsión. Aunque, no puedo dejar de mencionar, de entre éstas, una de las últimas “exquisiteces” impulsada por nuestro ayuntamiento con destacable fascinación. Con la que está cayendo, no se les ocurre otra cosa que comprar 50 bicicletas para que los empleados las usen en sus desplazamientos, llueva o truene. ¡Buena y ecológica inversión!
En vista de tanta “habilidad” manifiesta, parece que estamos abocados a resignarnos y seguir pensando que sobran médicos y docentes (¡Insostenible tanto despilfarro!) en vez de políticos, enchufados innecesarios en puestos creados para la ocasión y organismos públicos inoperantes, y seguir trabajando (los que afortunadamente podamos) para saciar su “inmundo” apetito.
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