El año de 1789 está marcado de rojo en el calendario. Rojo por la sangre que se derramó, y rojo para recordar una celebración, pues esta fecha supuso un antes y un después en el devenir de las sociedades modernas, un golpe sobre la mesa, un ¡Basta ya! ante tanta injusticia y desigualdad social, una llamada de atención a una minoría que pretendía tener sometidos a los ciudadanos eternamente para beneficio propio.
La UE dice ahora que duda si España logrará contener el déficit en los términos establecidos. Aconseja que se tomen medidas contundentes, medidas estructurales en el mercado laboral que potencie la confianza de los inversores para la creación de empleo y la reducción la deuda pública. Y el gobierno responde: ¡Marchando un paquete de nuevas medidas! Y la gente corriente, los más desfavorecidos lo sufren… cada vez más esclavos del sistema neo-capitalista que enriquece a los especuladores de Wall Street. Y la bipolarización ricos-pobres cada vez es mayor….
En España, como si pagar las frivolidades de la banca internacional fuera poco, además estamos pagando el pato de la especulación inmobiliaria que ha llenado los bolsillos de tantos avispados, que ha financiado tantos partidos políticos, pero que ha explotado cual burbuja emponzoñada que era y ha dejado el descubierto las profundas carencias del sector primario nacional, la falta de inversión y previsión en el desarrollo industrial que hubiera sido lo único que podría haber hecho más llevadero todo este altercado inmundo.
Los agricultores, los marineros, la pequeña industria y el peueño comercio están con el agua al cuello… y qué decir de los empleados y desempleados… más recortes salariales, más despidos… pero todavía se les pide más… no basta… no ”tienen jartura”, y les obligan hasta la extenuación a penar por los pecados ajenos, mientras los verdaderos culpables se frotan las manos o están provistos felizmente para los tiempos venideros.
Quizás llegue un día, no muy lejano, en que la gente se canse de tanta miseria, en que los que hacen ricos a los demás decidan de que ya es hora de repartir beneficios equitativamente… quizás tengan que asaltar bancos, mansiones y crear un caos en el que no tienen nada que perder… y quizás brille de nuevo, con los primeros rayos del día, una cuchilla teñida de rojo… pues la desesperación tiene esas cosas… Ya ocurrió una vez, y ni la guardia real, ni todos los ejércitos habidos y por haber lo pudieron impedir… Cuando no se tiene nada que perder porque ya te lo han arrebatado todo, hasta la dignidad…

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