lunes, 13 de diciembre de 2010

Pequeñas grandes diferencias II

Además del sometimiento de los grandes partidos al “Principio de Obediencia”, que favorece la promoción de políticas populistas, que garanticen votos, y la falta de iniciativa en la resolución o mediación de asuntos bajo la competencia de administraciones públicas distintas de la local, algo que también otros colaboradores de este medio han argumentado muy acertadamente, existen otras diferencias que potencian la necesidad de partidos de ámbito local, siempre y cuando, claro está, presenten un grupo de personas de contrastada capacidad.

Todos los grandes partidos políticos apelan a la obtención de la mayoría absoluta como condición “sine qua non” para poder desarrollar con garantías su “programa electoral” (aunque, aparte de una efímera enumeración de promesas para la ocasión, nunca he tenido la suerte de leer un exhaustivo proyecto de ciudad propuesto elaborado por estos partidos). Sin embargo, las mayorías absolutas en Sanlúcar han resultado ser totalmente nocivas para la salud consistorial, pues han amparado gestiones extremistas, ignorando cualquier aportación de calidad proveniente de los partidos de la oposición, ninguneando el sentimiento popular con prepotencia altanera, y frivolizando, a sus anchas, con las arcas municipales para beneficio del voto cautivo.

Cierto es que las coaliciones previas de PP con PA y AS han dejado más sombras que luces, pero en este sentido debemos entender que el primero lleva años siendo un partido unipersonal donde su secretario general ha tenido carta blanca de la ejecutiva regional, pues ya llovía sobre mojado, y el segundo surgió de una escisión interesada, según parece financiada por el propio PP, para socavar la influencia del PSOE en momentos de crisis interna generada por el caso de corrupción de todos conocidos.

Condenar a estos partidos nacionales a entenderse con un partido que sólo rinda cuentas a la voluntad popular y tenga como fin no la perpetuación en el cargo sino la aplicación de políticas necesarias para el desarrollo sostenible y continuado de la ciudad, dispuesto a tomar medidas contrarias a los intereses de unos pocos y a acabar con privilegios que asfixian e hipotecan nuestro futuro es, cuando menos, garantía de estabilidad y progreso.

En mi opinión, ya va siendo hora de que los ciudadanos Sanlúcar, como ya hicieron otros de localidades vecinas, pierdan el miedo a apostar por gentes capaces de proponer nuevos modelos de hacer política, para el pueblo y con el pueblo, y hagan ver a las “grandes siglas” que ya estamos cansados de que nos utilicen, única y exclusivamente, para fines partidistas. Si lo logramos, habremos cambiado, de una vez por todas, este devenir tan lamentable que hemos padecido durante tantos años.

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